ACTUALIDADES
En el pasado en muchos pueblos europeos y también americanos, principalmente en EE.UU., tuvieron lugar persecuciones contra personas misteriosas a las que se atribuían poderes diabólicos.
Las diferentes comunidades, toda vez que sufrían agresiones aisladas o repetitivas cuyo origen no podían explicarse, atribuían sus males a los brujos de la época, vestigios de los ancestrales adivinos o doctores.
Toda persecución terminaba normalmente en el sacrificio mediante la hoguera de quienes eran sospechosos de los sufrimientos del pueblo.
La civilización ha disminuido seriamente esta práctica ilegal y muchas veces inhumana.
México es un país altamente civilizado en el que no se castiga a nadie por hechos solamente supuestos. Estos tienen que ser plenamente comprobados de acuerdo con las leyes antes de que alguien sufra castigo por un delito señalado sin pruebas.
Pero los mexicanos hemos oído repetidamente las voces de nuestros gobernantes o las de sus mensajeros y hemos visto como en los periódicos éstos opinan que no debería intentarse una cacería de brujas. Tal comentario viene en defensa de quienes el pueblo señala como sus agresores.
El pueblo calla y cuando calla otorga. Sumiso y resignado, una y otra vez acepta con tristeza sus desdichas, pero con esta actitud extiende también su permiso para que nuevos transgresores repitan sus fechorías, pues al cabo estas serán todas las veces, según ellos, toleradas por el pueblo. Es decir, quedarán siempre impunes.
En estos momentos no tardaremos en oír de nuevo estas frases. La indignación de nuestro pueblo, dirigida hacia sus gobernantes a los que supone causantes de muchos de nuestros daños, va a ser pallada con palabras semejantes a las que aquí se exponen.
El mexicano ha permitido que los mismos daños le sucedan una y otra vez, consintiendo que sus representantes utilicen sus respectivos puestos, no para administrar correctamente los bienes encargados a su cuidado y defensa, sino para aprovecharse de este poder concedido por el pueblo para usarlo en contra del mismo pueblo.
Tal actitud y comportamiento deberían ser seriamente castigados.
En México sí existen los brujos y tiene que llegar el momento en que la nación completa acepte este hecho y utilice este propio poder, el único posible en una democracia, el poder absoluto y supremo del pueblo para investigar a fondo los actos, procedimientos y actitudes de nuestros brujos.
Averigüemos de donde han provenido sus bienes. Con que dinero han obtenido sus riquezas y que métodos tortuosos usaron para obtenerlas. Valoricemos el enorme daño que le han hecho a nuestra nación y a cada uno de los mexicanos y apliquemos por fin el severo castigo al que se han hecho merecedores.
Ha llegado la hora de nuestra cacería de brujas.
La verdad es algo abstracto. Su definición más común es: La verdad es la conformidad de las cosas o sucesos con el concepto que de ellos se forma en la mente. Esto hace posible tantas verdades como seres humanos existen y por la misma razón se comenta que nadie es poseedor de la verdad.
Cuando una persona habla con sinceridad, o dice que habla con sinceridad, lo que sucede es que está diciendo su verdad, es decir, lo que piensa.
Este será el caso de hoy, es decir, les hablaré con mi verdad, sin el ánimo de ofender a nadie y sin que nada de lo que diga sea probatorio.
Hace unos años, uno de nuestros gobernantes, que tenía una manera especial de conducirse que lo llevo a ser señalado como folklórico, dijo a su pueblo, en momentos en que las cosas se ponían difíciles, que defendería el peso, nuestra moneda, como perro.
Tal vez su intención era buena, pero su declaración fue imprudente. En los años siguientes la presencia pública de este gobernante, dentro y fuera de las fronteras de nuestro país, ocasionaba un concierto de ladridos.
Tal vez hubiera sido mejor decir que defendería el peso como gato boca arriba. Los maullidos hubieran sido menos lacerantes.
Pasado el tiempo y ante el fracaso de esta promesa el mismo gobernante, con gran indignación, declaró que nos habían saqueado. En su histérico llanto no consideró que el pueblo advertiría el énfasis en su expresión de "nos habían saqueado". Evidentemente a él no lo habían saqueado por lo que el pueblo no podía considerarlo dentro de los saqueados. Al contrario, lo consideró dentro del grupo de saqueadores.
Además aseguró que nunca nos volverían a saquear, puesto que estaba tomando medidas radicales para que eso no sucediera de nuevo.
Señaló culpables de estos saqueos y entre ellos estaban los bancos. Una de sus medidas drásticas fue expropiar los bancos. Obviamente esta expropiación significó tomar dinero del pueblo para pagar lo expropiado.
Pasaron los años y llegó otro emperador sin duda inteligente, pero a la luz de los hechos posteriores poco escrupuloso. Este decidió revertir la situación. Había que vender prácticamente todas las empresas del pueblo manejadas por el gobierno. Es necesario hacer un paréntesis aquí para advertir que a quienes me estoy refiriendo, sean presidentes municipales, gobernadores o presidentes de la república son solo los jefes de gobiernos respectivos, encargados de manejar eficientemente los bienes del pueblo, es decir, en todo caso, estamos hablando de dineros de la nación, de bienes de la nación que deben ser manejados por los representantes de la nación o pueblo de manera inteligente y honesta.
El nuevo presidente ofreció en venta los bancos por lo que se abrieron las licitaciones correspondientes. Los primeros interesados fueron los banqueros anteriores y aunque era notorio que las ofertas suponían valores superiores a los activos de los bancos, los capitales necesarios para comprarlos comenzaron a aparecer.
En las compras de los bancos hubo sus diferencias. Las hubo porque la venta en todo caso estuvo sujeta a los caprichos de un solo hombre. (Esto es uno de los graves males de México). Se dice, con mucho visos de realidad, que hubo bancos que se compraron sin dinero.
Una vez recomprados los bancos los nuevos dueños se encontraron muy probablemente con las siguientes exigencias:
1.- Había que reorganizarlos para hacerlos más eficientes, para lo cual tenían que hacer nuevas inversiones.
2.- Activarlos rápidamente para poder obtener enseguida las utilidades necesarias para lograr todo lo anterior.
3.- Con ello intentarían equilibrar a valores reales lo invertido en ellos.
Siguiendo con mi verdad, explicaré las experiencias que yo había tenido acerca de acciones bancarias.
Años anteriores había hecho una inversión de poca monta en acciones de un banco, que con el tiempo se hizo polvo.
Cuando los bancos se empezaron a vender por azares del destino yo era sin merecimiento alguno presidente del consejo regional de uno de nuestros bancos, después de haber sido por años anteriores consejero. El director general de este banco me pidió que auxiliara a un posible comprador haciendo ciertas gestiones ante los propios consejeros e inversionistas de Veracruz, con el fin de que le acompañaran en la compra del banco mediante la adquisición de acciones que daría derecho a un puesto en el consejo. Lógicamente se esperaba que yo fuera uno de los compradores.
Pero gato escaldado huye del agua, por lo que desde el principio mi respuesta fue que yo no podría ser comprador de acciones. Tenía cuatro argumentos en contra:
1.- Una mala experiencia anterior. Aplicando otra vez un refrán sobre el felino del que les he venido hablando, pienso que una vez capan al gato, dos al conejo y tres al incauto.
2.- Nunca he creído prudente comprar nada en tres pesos o más cuando he podido saber que solo vale uno.
3.- No tenía dinero para comprar acciones.
4.- Las informaciones que recibí acerca del comprador en cuestión me indicaron que no era confiable.
Por supuesto yo no podía mencionar más que dos de las cuatro razones.
Las acciones me fueron ofrecidas a crédito, pero este crédito ocasionaba intereses, por lo cual mi costo se multiplicaría y estaría comprando en 3, 4 o hasta 5 veces lo que realmente valía una.
Así dejé de ser banquero.
Al principio las cosas marcharon bien, y las instituciones empezaron a arrojar utilidades considerables, cuando menos en libros.
La mercancía que los bancos venden es dinero y cualquier negocio tiene utilidades mejores mientras más venda y mientras más diferencia real haya entre el costo contra la venta.
Para lograr todo lo anterior se vieron en la necesidad de incurrir en grandes riesgos.
a).- Muchas de las operaciones de los bancos se hicieron imprudentemente, es decir, se colocó el dinero con poca seguridad acerca de su posible recuperación.
b).- Simultáneamente todos los bancos se pusieron a emitir tarjetas de crédito distribuyéndolas indiscriminadamente y creando un buen número de tarjetahabientes que en un alto porcentaje no llenaba los requisitos necesarios de liquidez y solvencia como para poder usarlas. En muchas de estas aperturas de crédito no se investigó la moralidad de las personas que recibían las tarjetas y muchas de ellas fueron otorgadas por cortesía en las que ni siquiera hubo la firma del contrato respectivo que debía acompañar a cada una de ellas como garantía de los créditos que con ellas se obtendrían.
c).- El dinero existente en la nación resultó ser insuficiente para el movimiento bancario. Algunos bancos por lo tanto recurrieron a préstamos en dólares con el espejismo de que el costo de los intereses era mucho menor y que una vez trasladados a pesos las diferencias que se obtendrían aparecían como un negocio muy jugoso.
De todo lo anterior se deriva que las utilidades de la banca eran aparentes y que estas se manifestaban únicamente en cartera que resultó a posteriori difícil de cobrar.
Sin embargo todo parecía marchar bien, por lo que la banca nacional navegaba en apariencia en un mar tranquilo y con viento favorable. Nadie ignoraba que mientras tanto el gobierno también se había comprometido en una deuda que tendría que ser pagada en dólares pues se confiaba en que las reservas del país eran suficientes para cubrirla.
En cuanto al gobierno cambió, en diciembre de 1994, apareció el gato que en el asunto de los tesobonos estaba encerrado y el mundo se le vino encima a los bancos y a la nación entera.
El dinero de México desapareció por completo y sigue hasta la fecha desaparecido.
¿Qué es lo que va a pasar de aquí en adelante?. Esto nadie lo puede saber. De noche todos los gatos son pardos, por lo que cada quien emite una opinión diferente. La situación da origen a multitud de vías de pensamiento, algunas que parecen lógicas y otras totalmente disparatadas.
Las operaciones que los bancos realizan son múltiples, financieras, bursátiles, factoraje, etc., pero básicamente no podemos olvidar que los bancos no son más que organizaciones que compran y venden dinero. El dinero es su mercancía y cuando esta mercancía desaparece no pueden seguir realizando operaciones de compra-venta.
Hace más de seis meses que estas instituciones no venden nada. Para poder subsistir se dedican a cobrar lo anteriormente expuesto a crédito, que resulta por otro lado difícil, por lo que la multiplicación de los intereses es lo único que puede ayudarles a sobrellevar la situación.
Pero esto no puede durar mucho tiempo y a menos que secciones gubernamentales de este tipo del más alto nivel, acudan en auxilio de los bancos o se encuentren en condiciones de hacerlo, no se observan posibilidades de que las cosas puedan mejorar.
Por lo que toca a todos los mexicanos, estamos como la gata sobre el tejado caliente. Al brincar imprudentemente a este tejado nos quemamos los pies y manos, pero una vez entibiadas las láminas con nuestras extremidades tenemos miedo de dar nuevos pasos para no hacer más graves las lesiones.
Para mi pensamiento, yo creo que las bases del problema están principalmente en la gran diferencia social de que adolece México. Esto es lo que ha permitido que la situación política haya sido que en casi todo el tiempo no exista en el país una verdadera democracia que permita que el pueblo sea realmente dueño de su propio destino.
Esta situación no es fácilmente revertible mientras las condiciones que han persistido en México sigan existiendo. En otras palabras, no puedo decir que todos los que aquí estamos más muchos otros de nuestro nivel, somos el pueblo. En realidad solo somos una minoría emparedada entre los dos grandes polos opuestos de la nación.
Una la constituyen los verdaderos poderosos de este país que poseen con exceso más de la mitad de los bienes del mismo y que son una minoría absoluta, y la otra la enorme población de escasos recursos que no posee absolutamente nada y que está integrada por personas incapaces de pensar y obrar pues no tienen la preparación necesaria para ello.
Y esto ha sucedido por generaciones y generaciones. Si comenzáramos en este momento a tratar de resolver seriamente el problema nos tomaría también varias generaciones para corregirlo aún suponiendo que en este momento comenzáramos ya a hacer cada mexicano todo su esfuerzo usándose en toda su capacidad para ir ganando a milésimas el status final que buscamos.
Pero nunca es tarde, por lo que debemos comenzar ahora mismo.
Las juntas constituyen un deporte nacional mexicano.
Desde que el hombre empezó a reunirse con sus semejantes tuvieron
lugar las juntas, por lo que no podemos atribuirnos su origen, pero si
la habilidad de haberlas diversificado y multiplicado especialmente en
determinados medios entre los que se distinguen por su abundancia las de
los políticos y las de los hombres de negocios.
El filósofo mexicano, regiomontano para más señas, Don Hermenegildo Torres, en su magna obra sobre los pen..... del mundo, estableció dentro de la multitud de clasificaciones al respecto, que el ......o de grupo es aquel que cuando tiene en mente la idea y posterior ejecución de una gran ......ada se junta con otros de la misma categoría para llevarla a efecto.
El Sr. Torres, gran creador del movimiento PUP, compitió con Lineo y otros al descubrir una nueva especie: el homo ......us.
Ninguno de los hombres pertenecientes a cualquier institución o sociedad se libra por lo tanto de participar en varias juntas periódicas que se desarrollan más o menos de la siguiente manera:
Se designa sitio y hora. Una vez integrado el qourum necesario y para darle calor al ambiente los ahí reunidos comienzan a desmenuzar los acontecimientos más recientes: sucesos nacionales y mundiales, deportes, comportamiento de nuestros políticos, etc. y los últimos detalles, chismes y chistes en relación con lo anterior son expresados ahí.
Al cabo de más o menos media hora se entra en materia. Esta materia tiene generalmente que ver con la crisis. La crisis hay que examinarla en todos los casos, lo que provoca nuevas anécdotas que afinan el estado de ánimo de los presentes. Por fin se llega al meollo del asunto.
Aquí lo peligroso es la presencia de los abogados. Ante el esbozo de cualquiera de los temas los abogados toman la palabra, pues para esto fueron educados, por lo que aducen inmediatamente todas las leyes al respecto y sus enmiendas respectivas.
También recuerdan los casos en los que las cosas se resolvieron de X o Z manera. Lo curioso es que normalmente toda esta perorata o bien no tiene nada que ver con el tema, o bien se aleja totalmente de él o lo complica.
Los profanos, que también tienen su corazoncito se avientan igualmente, pues quieren demostrar que son también picudos, y entre todos acaban con la quinta y los mangos, hasta que por fin ¡milagro! se llega a la conclusión a la que todos ya habían llegado antes de comenzar la junta.
Una vez descubierto el hilo negro ya se puede pasar a otro tema.
Todos aquellos pobres mortales que no tienen la dicha de participar en las juntas se desesperan pues los que están en cada una de ellas tienen absolutamente prohibido atender ningún otro asunto que no sea el sesudo e interesante al cual se están dedicando en ese momento y por lo tanto no pueden atender nada que seguramente será más prosaico.
Es increíble la cantidad de hombres-hora que la nación pierde cada día, cada semana y cada mes en estas juntas, que muy posiblemente serían más fructíferas si no se realizaran.
Para que nadie se sienta ni ofendido ni demasiado orgulloso (*) he de confesar que yo vivo de junta en junta y por lo tanto debo ser el prototipo ideal, el summun de los ......os de grupo del mundo.
(*) El que se sobregira cae en otra clasificación: (PYP)
EN SERIO:
JUNTA.- Se define como la reunión de varias personas para tratar cualquier asunto. Proviene del latín Iuntus adjetivo y del verbo Iuntare que dan una gran cantidad de acepciones en el español hasta yunta y ayuntamiento que a su vez tiene varias definiciones aún la carnal.
El hombre es indudablemente un animal gregario e inteligente que acepta que dos o más cerebros llegan siempre a conclusiones más atinadas que la de uno solo, por lo que las juntas son absolutamente necesarias para obtener la mejor solución de cada asunto.
El gobierno de nuestro país tiene destinadas unas islas en el Pacífico "Las Islas Marías", no precisamente como prisión sino como un centro que eventualmente permita a los reclusos cambiar su actitud ante la sociedad y convertirse posteriormente en ciudadanos útiles a su país. Es prácticamente un experimento mexicano.
Un abogado a quien conocimos en Veracruz como parte del Tribunal Colegiado, y que posteriormente llegó a ser Procurador General de Justicia de la nación, en su juventud y recién titulado, estuvo comisionado en Las Islas Marías y tuvo la oportunidad de estudiar y hacer un análisis concienzudo del ambiente y del sistema reclusional de ese plantel.
Durante sus pláticas en Veracruz este jurista defendía apasionadamente el programa y aseguraba que efectivamente se lograba un alto porcentaje de regeneración de los que ahí cumplían su condena.
Algunos de nosotros por supuesto no coincidíamos con su apreciación y muy probablemente teníamos la razón.
Por fin, durante una de las sabrosas pláticas de café, Renato se traicionó sin darse cuenta, haciendo un relato de lo sucedido con un asesino que unos días antes de terminar su condena y regresar ya libre del penal, se despedía afablemente de quien consideraba su protector: Licenciado, le dijo, espero que nos veamos algún día. Estaré a sus órdenes. Ya sabe usted que si llega a tener alguna dificultad seria con alguien dígamelo a mí y yo le arreglaré el asunto.
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Muy recientemente se ha estado hablando de que es sumamente necesario fortalecer la seguridad de los ciudadanos mexicanos que están siendo atropellados a diario en todas las formas posibles de ataques a su dinero, a sus bienes y a su propia vida y la de sus familiares.
Se habla de nuevos cuerpos policiales, de la reglamentación de los mismos, de la capacitación que estos tendrán, de la forma en que funcionarán, etc., pero yo observo que no se trata el punto esencial que a mi juicio no es nada de lo que antes se dice.
La razón principal de que la delincuencia prolifere y se agigante en esta nación, proviene de que México tiene una legislación de primera, pero completamente inadecuada a sus condiciones actuales. En otras palabras, tiene un sistema legal que no merece y que se convierte en protector de la delincuencia.
Es muy probable que nuestras leyes tengan vigencia dentro de algunos años, pero evidentemente no la tienen ahora. La impunidad es la reina de la nación y es en estos momentos cuando México debe endurecer muchísimo sus leyes y procederes para castigar de una manera verdaderamente dura a quien delinque y evitar así reincidencias. El castigo debe ser todavía más enérgico cuando el que roba, defrauda, atropella, hiere o mata pertenece a un cuerpo policial que ha jurado defender a la ciudadanía y que no solamente esta violando la ley sino también su propio juramento, aprovechando y abusando del poder que se le dio para el fin opuesto.
Mientras esto no se logre nuestra inseguridad seguirá creciendo hasta que eventualmente lleguemos al terrible caos que provocará el que los ciudadanos, en su desesperación, intenten hacerse justicia por su propia mano.
Desesperación. Muchos crímenes están quedando impunes desde su principio porque quien se queja de algún ataque por más clara que sea su reputación, por más que sea un ciudadano honesto, trabajador y decente, ha sido en multitud de ocasiones tratado por la policía como si él hubiera sido el transgresor de la ley.
El ciudadano ya no acude a la policía por esta razón en una gran parte de los casos.
Ojalá que nuestras autoridades en algún momento se olviden de tantas leyes protectoras de los delincuentes, que se dejen de hablar de los derechos humanos de estos y que castiguen al ladrón y al asesino con toda la fuerza que tiene que ejercer una nación tan emproblemada como la nuestra.
Esta sería la única manera de reducir y en su caso liquidar la delincuencia para entonces podernos enorgullecer de la perfección de nuestras leyes.
¿Conoces a tu diputado local, es decir a tu representante estatal?.
Si esta pregunta se la hiciéramos al 100% de los representados posiblemente obtendríamos un no en cuando menos un 90% de los casos.
En tu caso, compañero rotario, a quien me dirijo como ciudadano, si me das una respuesta afirmativa, consideraré que eres una excepción y que sí estas interesado en las cuestiones cívicas que te son necesarias. Pero estoy seguro de que aún a este nivel obtendría muchas respuestas negativas.
El diputado, ya sea local o federal es un hombre que goza de mucha consideración, (hasta fuero tiene) debido precisamente a que es el representante del pueblo de quien se supone que debe conocer todas sus ideas, todas sus inquietudes y todas sus esperanzas para así llevar con acierto su papel en la cámara respectiva.
Hace muy poco tiempo tuvieron lugar los comicios tendientes a elegir en algunas de las entidades federativas del país a estos representantes del pueblo. Esta elección se mantuvo dentro del marco de la más absoluta indiferencia de una enorme parte de los ciudadanos.
Un comentarista de otra nación advirtió que quien no votaba por no tener nada que ver con esa sucia política, tenía más que ver con ella de lo que se imaginaba. Esto es verdad. Pero en nuestro país las cosas han llegado a un grado tal en el manejo de estos asuntos que el ciudadano común no tiene la oportunidad de seleccionar siquiera a aquella persona que le gustaría como diputado (o como presidente municipal, como regidor, como síndico o como gobernador). Por eso no vota.
Sería necesario de que mucho antes de las elecciones de los representantes
del pueblo, fuera el pueblo mismo el que empezara a buscar dentro de sus
conocidos a aquel que le parezca mejor para señalarlo, apoyarlo,
sustentarlo y en último caso, si es posible, llevarlo hasta el sitio
en que podría legislar de acuerdo con los pensamientos de quienes
se tomaron el trabajo de hacer este previo estudio. Por mi parte tengo
y tendré siempre la gran esperanza de que esto sucederá alguna
vez en el futuro.
En marzo de 1992 el gobierno de Carlos Salinas de Gortari decidió que todos los trabajadores de la República Mexicana tendrían un fondo para su retiro.
De esta manera estableció un nuevo impuesto para toda negociación y todo patrón. La gran parte de los jefes de negocios, conscientes de su responsabilidad, convinieron en que este impuesto era justo, pues beneficiaría a sus trabajadores.
Lo malo fue que, como todo megalómano, Salinas anunció en radio, prensa, televisión y demás medios la fausta nueva para los trabajadores como si su gobierno o él mismo fuera a aportar el dinero para ese objeto.
El fondo de retiro, claro, tendría que ir a bancos. Aunque la aportación es pequeña para cada trabajador, el conjunto de ella suma en la actualidad cantidades muy grandes. Según las informaciones al respecto, en este momento el total del fondo de ahorro (SAR) anda aproximadamente en 37,000 millones de nuevos pesos. El 86%de este dinero se encuentra en manos de cuatro de los principales bancos.
En la mente de quien esto escribe caben muchas preguntas:
1.- ¿Cuándo verán nuestros trabajadores su dinero?
2.- ¿Qué grandes dificultades tendrán para recuperarlo?
3.- ¿Recibirán una cantidad justa, en caso de recibirla, es decir, todo su dinero más todos los intereses correspondientes al tiempo que los bancos lo ha usufructuado?
4.- ¿Cuál será el monto de lo que los bancos han ganado manejando esta gran cantidad de dinero?
5.- ¿Cuánto dinero por fin se quedará en manos de los bancos sin ser cobrado?
Dejo en manos de todos quienes esto lean el cúmulo de preguntas que aquí no me hago pero que muy posiblemente estarán en la mente de ustedes.