CAPITULO QUINTO

DE DIOS Y EL HOMBRE

Razones

Desde que la tierra se separó de su masa original y de acuerdo con los estudios científicos al respecto, han transcurrido alrededor de 4,600 millones de años, vividos en etapas (eras) a saber:

Arcaica  4,000 millones de años
Paleozoica      360 millones de años
Mesozoica      160 millones de años
Cenozoica        71 millones de años
Antropozoica        1 millón de años

El hombre apareció en la tierra en el pleistoceno intermedio (homínidos, pitecántropos antecesores, hombres de Java, Pekín, África, Rhodesia entre los más antiguos, Cromagñon y otros europeos entre los modernos), por lo que el Homo Sapiens tiene bastante menos que el millón de años que se le atribuye a la era antropozoica.

Para tener una idea aproximada de lo que es su edad en relación con la de la tierra, consideraremos lo siguiente:

Un día terrestre tiene 24 horas de 60 minutos cada una. Cada minuto tiene 60 segundos, lo que nos da un total de  86,400 segundos. Si comparamos la edad de la tierra con la del hombre, este apareció dentro de los últimos 10 segundos de un día terrestre.

Es por lo tanto uno de los más recientes animales en poblar este planeta.

El hombre fue dotado o desarrolló inteligencia y raciocinio, pero aún así es evidente lo inmenso de su ignorancia.

El hombre no tiene ni la menor idea de lo grande ni de lo pequeño. Tampoco del tiempo. No sabe lo que es la vida ni la muerte. Ni siquiera se conoce a sí mismo. No puede llegar a una conclusión sobre su propia esencia y naturaleza.

Posiblemente por todo lo anterior, cree en Dios.

Ángulos diversos

Tres militares de alta jerarquía y gran preparación, pertenecientes al ejército de una nación poderosa, discutían amistosamente.

Uno de ellos era religioso, los otros dos físicos.

Los temas: el átomo, sus propiedades, componentes y uso, por una parte; la existencia de Dios por la otra.

La diferencia consistía en que, mientras el sacerdote aceptaba a priori todo lo que se decía en cuanto al átomo, los físicos se mostraban reacios a reconocer la presencia de Dios.

Hemos estudiado el asunto a fondo, dijo uno de los físicos, y no hemos llegado a comprobar la existencia de Dios por medios matemáticos.

Comprendo su problema, comentó el sacerdote, nosotros tampoco hemos podido llegar a un acuerdo sobre la existencia del átomo por medios teológicos.

Pero a quien se le ocurre, respondió airadamente uno de los físicos, estudiar el átomo por medios teológicos.

Precisamente, precisamente, concluyó el sacerdote con una sonrisa.

Hay quienes han intentado probar la existencia de Dios por medio de la lógica, considerada por muchos como principio y fundamento de las matemáticas.

Uno de los más conocidos y comentados de estos esfuerzos es el de Renato Descartes (cuarta meditación metafísica: de Dios, que existe). Descartes, (pienso, luego existo) filósofo, matemático y físico francés de los siglos 16 y 17, fue el creador de una escuela filosófica que muchos estiman hasta la fecha como de gran importancia.

Su gran agudeza mental lo llevó a incursionar en variadas líneas de pensamiento. Queda a la decisión de cada quien si su prueba matemática de la existencia del ser supremo es definitiva.

El concepto Griego

Llámese fábula, mito, religión o cultura, los griegos expresaron sus creencias de la siguiente curiosa manera:

Al principio todo era el caos, una gran nebulosidad que no permitía ver nada 1 .

Al primer claror en esta obscuridad apareció Urano (Ouranós, cielo) quien tomó como esposa a su madre Gea, la tierra. De esta unión nacieron los titanes y titánides, los cíclopes y los gigantes.

Debido a la presión que Urano ejercía sobre sus hijos, estos decidieron combatirle. Una vez vencido Urano, quedó como dios del universo Saturno (uno de los titanes), quien tomó como esposa a Rea, la luna. De ellos nacieron Plutón, Neptuno, Ceres, Hera, etc.

Saturno, gran devorador,  se tragaba a sus hijos en cuanto estos nacían2  por lo que Rea, la angustiada madre, en cuanto nació Zeus, el último de los hijos, entregó a Saturno una piedra envuelta en pañales, que este se tragó pensando que era su hijo.

Rea encomendó a Zeus a sus tíos los cíclopes para que lo educaran. Llegado Zeus a la edad adulta combatió a su padre, lo venció, destronó y abriéndole el vientre le extrajo a todos sus hermanos.

Tomó a su hermana Hera como esposa para radicar en el Olimpo como rector y dios principal del universo, encomendándole a sus hermanos diversos reinos: A Ceres la tierra, a Neptuno los mares, a Plutón el infierno, etc.

Los hijos de Zeus3  recibieron también diversas encomiendas, pero de estos hablaremos en otra ocasión.



Obsérvese la semejanza con lo que nosotros conocemos científicamente acerca de los principios de la tierra.
No estaban tan equivocados los griegos al hablar del aspecto voraz de Saturno. Este es llamado en griego Cronos, el tiempo. Sabemos que el tiempo devora todo.
Todos los componentes de nuestro sistema solar llevan nombres derivados de esta mitología. Febo (Apolo) hijo de Júpiter y Latona es el dios del sol. (Conductor del carro del sol).
Mercurio hijo de Júpiter y Juno.
Venus (Afrodita) nacida de la espuma del mar según unos y de la sangre de Urano, otros.
Gea, la tierra.
Marte, hijo de Júpiter y Juno, dios de la guerra.
Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón. Mencionados.

El sorprendente nombre de Dios

Sorprende, o cuando menos causa curiosidad, la similitud fonética que muchos pueblos del mundo, en tiempos en que su contacto parece imposible, utilizaron para nombrar a un ser superior, su esencia o su naturaleza, su Dios, en fin (o cuando menos uno de sus dioses principales en las culturas politeístas). Veamos:

TAO Proclamado en China por Lao-Tsé en el siglo I antes de  Cristo. Es el principio supremo de todas las cosas, como  queda consagrado en el tao te khiang, libro del camino y  la virtud.

TEOS Griego, Dios. De esta palabra procede tanto Zeus como  Deus y todas las derivaciones en los idiomas modernos  cuya base es el latín. Zeus es el Dios por excelencia en el  helenismo. Señor del Olimpo y gobernador del universo.

TEOTL De una cultura probablemente teocrática, de donde nació  la azteca. Es el Dios supremo venerado por los aztecas  primitivos.

THOT Egipcio. Representado en bajo relieve y pinturas por un  hombre con cabeza de pájaro (ibis) es el Dios de la  sabiduría, las ciencias y las artes.

TOR Germánico-Escandinavo. Hijo de Odín y Frigga, es la  divinidad del trueno, amigo y protector de los hombres,  con figura de guerrero, apuesto y rubio, combate con su  martillo de hierro a los seres maléficos.

TOTEM Algonquino. Hablado por muchas tribus de Norteamérica  (noroeste de Estados Unidos y Canadá). Tótem es la efigie  u objeto natural adorado individualmente o por tribu. Se  le considera protector progenitor.

La similitud entre TEOS y TOR se explica solamente por  la liga que existe entre el germánico antiguo ZIU (TIOR), el indo Dyaus y el griego ZEUS. Como pueblos germánicos invadieron el territorio norte de la India  2,000 años antes de la era cristiana no hay manera de saber cual fue primero.

De todas maneras es absolutamente incomprensible la exactitud fonética entre el griego TEOS y el azteca TEOTL.

Unicidad de Dios

La religión permite que el hombre se vuelva desde lo más profundo de su personalidad hacia el ser a quien se siente vinculado, porque es su origen primero y fin último.

Los conjuntos humanos han concebido a Dios de maneras distintas. El monoteísmo lo ve como único; el politeísmo afirma la existencia de varios dioses; el panteísmo relaciona a Dios con todo lo que rodea al hombre.

En ocasiones el hombre ha confundido a Dios con las fuerzas de la naturaleza (naturismo), con objetos materiales (fetichismo) o con imágenes (idolatría).

Todo esto nos da la idea equivocada de la multiplicidad de Dios.

Por otro lado, el ser humano invoca a Dios, su Dios, para que lo ayude a lograr determinados objetivos, aún los más execrables, como matar.

Los antiguos ejércitos al enfrentarse invocaban cada quien a Dios para lograr la victoria. Los dioses eran diferentes, pero posteriormente se dio el caso de que cada uno de los ejércitos rogara por la victoria al mismo Dios, como si este estuviera en la disposición de escoger a quienes mataría.

A fin de cuentas se puede decir que han existido en el mundo tantos dioses como seres humanos ha habido.

En los momentos extremos de su vida el hombre dice: "Dios mío" y en ese mismo instante no se está refiriendo a un dios de todos los hombres, ni siquiera a los de una nación, raza o grupo, sino precisamente al  Dios de ese ser humano, a su Dios propio, especial, que le pertenece solo a él.

Esto tiene que llevarnos a la conclusión de que efectivamente Dios es único.

Inmovilidad de Dios

Por diversos caminos, por pensamientos semejantes pero no precisamente los mismos, filosofías tan alejadas como las orientales y mediterráneas, llegaron en su momento a la misma conclusión con respeto a la quietud de Dios.

Los orientales estimaron que todo lo existente se mueve por la acción de un motor que le comunica su fuerza para iniciar su movimiento. Pero este motor tendrá necesidad de otro que igualmente le transmita su impulso. Podríamos repetir el ciclo hasta el infinito.

Por lo tanto, tendrá que haber algo inmóvil que sea capaz de originar el movimiento.

Este es Dios, y todas las cosas se mueven hacia el por atracción. Por ello permanece estático.

Por su lado Aristóteles consideró al mundo como un enorme conjunto jerárquico que va desde la materia pasiva (la que será movida) hasta el vértice totalmente opuesto que tendrá que ser el primer motor. Este tiene que ser inmóvil.

Todo se mueve así de la potencia al acto, es decir realiza sus cualidades potenciales, o latentes, pero no puede hacerlo por sí solo, sino con el concurso de un ser que le comunique su fuerza de movimiento. Los cambios en este ser comunicante de movimiento implican otro superior que a su vez lo haga mover y así sucesivamente hasta llegar a uno que, por ser inmóvil, sea el primero.

Este es Dios, que puede mover sin ser movido, pues es el único que cumple este requisito.

El Hombre y su Alma (I)

Una gran parte de las religiones aceptan que Dios creó al hombre. Algunos opinan que el hombre es parecido a Dios, es decir, que éste, cuando creó al hombre, lo hizo semejante a él.

Admiten con aparente humildad que esta creación de Dios fue imperfecta.

La sola idea de que el Ser Supremo haya hecho a ésta su criatura semejante a él, parece injustificada y paradójicamente soberbia.

Debemos pensar que Dios es todo grandeza, todo serenidad, todo bondad, majestuoso e inmóvil y que siendo así y suponiendo que hubiera deseado asentar sobre el planeta tierra algo  que diera una remota idea de sus cualidades, se nos ocurre pensar por ejemplo en una secoya o en uno de nuestros frondosos laureles. A la vista están grandeza, majestad, serenidad.

Estos bellísimos árboles no hacen daño nunca a nadie. Por el contrario, durante toda su milenaria vida sirven de refugio, albergue y alimento a millones de pequeños seres, también creación de Dios, y todavía en su holocausto, con la nobleza de sus cuerpos continúan otorgando sus favores.

Y si hablamos de lo inmaterial ¿Quién nos prueba que la secoya, (o cualquier otro árbol) no tiene alma ?

El Hombre y su Alma (II)

La palabra griega Ánemos, soplo, aire, que nos ha  legado al español innumerables vocablos, se transforma, al pasar al latín, en ánima, con el significado de aliento.

De esta última, (además de muchas otras) proviene nuestro término alma.

Esta se define como el principio de la vida, pensamiento y sensaciones, que junto con el cuerpo constituyen al hombre.

La definición es egoísta, pues otros animales tienen también cuerpo, vida y sensaciones y hemos venido descubriendo que algunos son capaces de pensar y aprender, aunque por abajo de los límites que al hombre se le han otorgado.

En cuanto a las plantas, tienen vida y cuerpo y hasta donde actualmente sabemos, algunas de ellas son capaces de ciertos movimientos.

El heliotropo gira constantemente en busca del sol, la sensitiva cierra sus hojas al atardecer y las abre al amanecer, movimiento que se acelera con un estímulo más fuerte.

Hay algunas plantas que son capaces de movimiento atrapador de insectos.

Quien no haya visto la eclosión de un lirio al acercarse el crepúsculo, no sabe  lo que es belleza en movimiento.

El Hombre y su Alma (III)

La acacia contemplaba orgullosa como las semillas que había soltado germinaban y se convertían en sus amados vástagos. Hasta donde su vista alcanzaba veía con orgullo su descendencia.

De pronto apareció un ser que aspiraba sus semillas por un lado y las expelía por el otro, pero oh, tristeza, después de este acontecer los gérmenes quedaban destruidos y no podían brotar.

Tengo que hacer algo drástico, pensó la acacia. Y entonces dotó a sus semillas de una capa fibrosa y protectora. El extraño ser siguió engulléndolas pero destruyendo en su proceso sólo la capa fibrosa, con lo que las semillas germinaron exitosamente.

El ser devorador ha desaparecido de la sombra de la acacia y ésta se prepara a quitarle a sus semillas la capa resistente que ahora les impide germinar.

Lo relatado aquí es un hecho científico cuyo devenir tardó miles de años.

No tenemos concepto del tiempo, por lo que no sabemos cuanto le tomará a la acacia, que no cuenta ahora con el concurso del elefante, quitarle a sus semillas la capa fibrosa que les impide crear nuevos vástagos.

¿Quién nos prueba que los árboles no piensan?.