Poco después de publicada la serie Don Ramiro, la editorial Jesús María-Medio Oriente supo que existían otros trabajos literarios de Rodríguez Barrera y que estaba dispuesto a publicarlos. La empresa desde luego se abocó a solicitar los manuscritos, los que fueron entregados de buen grado, y así ve la luz esta edición , que retoma la serie inicial y agrega varios nuevos capítulos.
La decisión de esta editorial se justifica pues los escritos tienen mucho contenido. Tienen miga y también amenidad, cualidades ambas que sabrán apreciar los lectores.
Hay en el arte de las letras quienes escriben largamente pero expresan poco; unas cuantas ideas y muchas palabras pueden ser bellas e incluso dejar un grato sabor momentáneo.... que desaparece pronto en el olvido. Tal es el caso, por ejemplo de aquellos versos o prosas romanticonas y almibaradas que embelesan el oído por un buen instante pero finalmente no dejan huella en el alma. También, por cierto, en la palabra hablada, los discursos huecos, empalagosos y reiterativos de hablistas profesionales, muchas veces a sueldo, que endilgan interminables peroratas que no contienen finalmente más que una sola idea: la de pronunciar otra.
Hay en cambio, personas que sí tienen mucho que decir. Aquellos que han vivido con profundidad, que han llenado -como tan bellamente dijo Kipling- "los minutos de su vida con preciosos segundos de lucha", esos tienen mucho que decir; y si un buen día sienten deseos de expresar algo de lo vivido y aprendido, producen páginas que nos dejan un conocimiento, que nos invitan a reflexionar, que enriquecen nuestra propia existencia.
Tal es el caso de Ramiro Rodríguez Barrera. El tiene mucho que decir y lo dice con pocas palabras. Su lenguaje es sencillo; no hay en él, ni palabras rebuscadas, ni barroquismo, ni gongorismo; ni se enmaraña en párrafos kilométricos que obscurecen el entendimiento, ni adorna los conceptos más allá de lo que requiere de su comprensión. Más aún: ni siquiera se ayuda de los elementales signos de puntuación. No usa las comillas para los parlamentos; no abusa de comas ni de puntos; su sintaxis es recta y correcta. El símil y la metáfora, aparecen de manera natural en sus cláusulas, sin que el autor se esfuerce en elaborar lo figurado; tampoco hace mal uso del hipérbaton que, empleado innecesariamente, da al traste con la elemental comunicación entre autor y lector. Pero en cambio, que bien describe, que bien narra; como traslada el acontecer de un tiempo a otro, sin que se den confusiones. Que claramente compone el perfil de las personas con unos cuantos trazos!
Y sobre todo, es tan expresivo del mundo en el que se desenvuelve: sus campos, sus viajes, sus aventuras, sus negocios. Con la misma soltura y desenfado habla de Dios como de los hombres que ha conocido. E incursiona temerario en la filosofía y en la política como si fueran parte de su habitual cotidiano.
El mismo tal vez no lo percibe pero siendo hombre de negocios, no habla como tal sino como profesor, como maestro; más bien como hombre. "De casta le viene al galgo...." decía un talentoso provinciano. Hijo de un hombre eminente, este recién iniciado literato -a quien la Editorial Jesús María-Medio Oriente augura muy buen éxito- nos brinda de nuevo la oportunidad de leerlo y de confirmar el carácter de su palabra que irradia vigor desde su prosa serena y precisa, hasta su página poética que escribe en el mismo octosílabo que en el romance, dio prestancia al verso de García Lorca y de Mac Gregor Giacinti.
No busques, lector, el ego del autor en estas líneas; él
no lo plasma, o al menos, no es esa su intención. Pero sí
en cambio maneja con clara descripción el ego de sus personajes.
La obra no es un culto a la personalidad propia sino un homenaje a quienes
son sujetos de su narración. Personas o animales. El
yo de la Chamaca; el de Francisco; el del tigre o el de la paloma azul.
Su poema, finalmente, es un canto de afecto a los amigos y al hermano ausente.
No fué tarea fácil editar este libro. Por una parte, sucede que el autor, al aceptar nuestro patrocinio, nos encomendó titular la obra; ¡y qué rompedero de cabeza!. Finalmente, nos iluminó el propio autor. Véase que en "Los Motivos" de la serie "Don Ramiro" se asienta que fue escrita principalmente para la descendencia del ilustre personaje. Bien, si la beneficiaria es la familia, lógico es que en su íntimo recogimiento se disfrute. He ahí la razón del título.
Por otra parte, como buen erudito, Ramiro Rodríguez Barrera es
distraído y disperso. Y así sus escritos. Esa
diversidad de temas y de géneros son un reto para cualquier editorial.
Darle orden, acomodar y presentar tan variopinta producción era
tarea de romanos. Además el autor es susceptible y celoso
de sus formas, de modo que no había mucho que hacer como no fuera
tratar de agrupar con algún sentido de clasificación los
escritos y lanzarlos pronto al linotipo y luego a la impresión.
Hecho ésto, aquí está el producto, sobre el que la
Editorial Jesús María-Medio Oriente ofrece estas líneas
explicativas que no tienen más afán que mostrar un poco el
trasfondo formidable del autor.